Orient Express – Sisi North

Un ligero murmullo de gente es lo único que escuchaba. Cuando empezó a abrir los ojos el murmullo empezó a cobrar vida con luces y sombras, gente que iba y venía con maletas, gente hablando por el móvil, gente durmiendo en los bancos esperando la hora de salida de su tren, gente comiendo en los bares de la estación, gente y más gente.

Este aturdimiento es lo que había llevado a David a conciliar un sueño reparador.

Ya sólo le quedaban apenas 35 minutos para que su tren con destino Barcelona saliera del anden 11.

Dispuesto a despejarse, se levantó del duro banco y se dirigió a los servicios para echarse un poco de agua en la cara.

No tienes muy buena cara -pensó David, mirándose en el espejo- espero que el sol del mediterráneo te dé un poco de color.

Cuando abrió la puerta del servicio, coincidió con una mujer pelirroja que abría la puerta del servicio de señoras. Cruzaron una mirada que a David le resultó especialmente excitante.

– Buenos días -comentó cortésmente-

Y ella le devolvió una sonrisa antes de cerrar la puerta.

Una voz femenina, de las que te imaginas un bello rostro tras el micrófono, anunciaba la salida del tren en varios idiomas.

David se dirigió hacia el andén 11, y allí estaba; un humeante y oscuro tren hacía pitar sus bocinas indicando que pronto iba a partir. El revisor por su parte, toca el silbato y gritaba desde el andén:

– Pasajeros al treeen!!!!

Ya en el vagón nº 3 fue buscando el número de camarote que le indicaba su billete.

Cuando abrió la puerta, una tenue luz iluminaba un espacio limpio y recogido que le sorprendió. Decidido a pasar el largo viaje lo más cómodamente posible, saco de la maleta un libro y se sentó en la cama.

De repente pensó que estaría mejor si iba a comprar un poco de agua. Cogió las llaves del camarote, cerró la puerta y se fue caminando por los estrechos pasillos de los vagones.

Al entrar en uno de ellos, comprobó que la preciosa pelirroja del servicio de la estación estaba apoyada en una de las ventanas.

– Bonita noche de luna llena para viajar en tren -comentó David.

– Sí, es preciosa -contestó la mujer con una voz dulce y serena.

– Va a ser un viaje un poco largo y pensaba ir al bar a coger provisiones, ya sabes un poco de agua, cacahuetes, pipas. Si quieres te invitó a un café.

Poniendo cara pensativa durante unos instantes, al final dibujó en su rostro la misma mirada y la misma sonrisa que le había ofrecido horas antes en la estación.

– Me llamo Eli -le comentó mientras se sentaban en una de las mesas del vagón-restaurante.

– Encantado, yo soy David -le dijo mientras se saludaban con las manos-

La velada se prolongó durante varias horas a la luz de una vela que iluminaba tenuemente la mesa, mezclando risas, confesiones e intimidades.

La luz de la vela hacía que los ojos verdes de Eli le desnudasen, le provocasen, le arrancasen los botones de la camisa de un estirón.

Deseaba besar esa piel pecosa y acariciar sus carnosos labios.

Sin darse cuenta sus manos acariciaron los dedos de Eli sobre la mesa. Por unos instantes se quedaron mudos, los ojos de Eli se le clavaron como dos lanzas, y poco a poco acercó sus labios carnosos a él.

Se besaron frágilmente rozándose los labios con movimientos horizontales. Eli le comenzó a mordisquear el labio superior hasta que el pudor les despertó de su fantasía.

Se levantaron de la mesa y se fueron besando por los pasillos del tren como dos amantes que se acaban de encontrar después de mucho tiempo.

David le besaba debajo de la barbilla y como un pulpo se tratase, tocaba ansioso los pequeños pero duros senos; mientras ella palpaba torpemente por debajo del cinturón

Al final, llegaron al camarote de Eli. Abrió la puerta y entraron, a la vez, que él se quitaba la camisa.

Apoyada en la puerta, la excitación dió paso a unos segundos de calma tensa, sus ojos verdes y el ligero sudor en la comisura de sus labios provocaron que David la besara hundiendo su lengua como una serpiente juguetona.

La misma serpiente que luego bajaría hasta sus senos y mordisquearía sus pezones.

El balanceo juguetón del tren y las caricias era una combinación curiosa que hacía que Eli se sintiera más excitada de lo normal.

Mientras él jugueteaba con sus senos, una de las manos de Eli obligaron a David a seguir bajando por su barriga hasta el ombligo. Volvió a juguetear hasta que él decidió bajar un poco más y acariciar su clítoris.

De pie con las piernas arqueadas mientras él tonteaba con la lengua y hundía su dedo en la vagina, la vista a través de la ventana del camarote de una luna llena radiante, hacía sentirse liberada.

El dulce y enérgico movimiento que David hacía con su dedo provocó que ella llegase al climax, le agarró la mano de él para que no sacara el dedo de su interior y hacer más largo el orgasmo.

Más relajada, le tumbó en el suelo y le sacó el pene sólo bajando la cremallera del pantalón.

Se lo introdujo en la boca y con movimientos lentos fue notando como se volvía cada vez más duro.

Acarició con su mano sus testículos a la vez que con la boca hacía movimientos cada vez más rápidos.

David empezó a gemir hasta que en poco tiempo ella notó como su boca se llenaba de líquido.

Él se disculpó por la rapidez, pero a ella no pareció importarle. Había sido una velada donde el tren, la luna y él habían hecho una combinación perfecta.

– Sisi North –